En busca del sentido en la cultura digital



"Las tecnologìas digitales complican la percepciòn de la realidad, la construcciòn social de la identidad, la auto percepciòn fìsica, el pensamiento, las pràcticas sociales, la construcciòn del conocimiento.
En tèrminos de Roszak vivimos en la era del culto a la informaciòn.
El problema es que pareciera que hoy somos partìcipes de una especie de NARCOLEPSIA INFORMATIVA, no sòlo digital sino tambièn sociocultural".


¿Què tenemos que hacer para encontrar el sentido en la cultura digital?
Reflexionar. Pensar. Ver posibilidades.

Dr. Alejandro Lòpez Novelo

Periodismo remasterizado


Internet, un volver a la vida


A menudo, cuando pierdo la señal de internet me siento desamparada. Aunque apenas estoy intentando aprender qué es y para qué me sirve.
Parece tonto, pero sin internet me resulta imposible trabajar.

Hace dos años, cuando me despidieron de un empleo al cual le había dedicado dos décadas de mi vida, mi primera pregunta fue cómo iba a reinsertarme al mercado laboral. Llevaba 20 años sin tocar puertas.

Analicé la idea de estudiar hidroponía, gestión de microempresas, cocina y hasta hacer cursos para dar masajes. Nunca pensé en tomar cursos o entrenamiento para entender el mundo digital.

Había investigado, gestionado, reporteado, corregido y editado no sólo textos sino secciones enteras del Periódico Reforma. Cuando regresé a casa después de mi primer día de trabajo en el empleo a actual, le dije a mi familia: “voy  a hacer justo lo que no sé hacer”.

En un artículo donde analiza la visión "light" que los mexicanos tenemos sobre internet, el doctor Roberto Alejandro López Novelo nos dice que ésta no sólo es una "herramienta que proporciona entretenimiento, sino, por el contrario es un espacio que nos permite explorar, conocer y crecer en conocimiento acerca de esta tecnología".


Una de las utilidades más comunes de internet es el entretenimiento, dice, pues la mayoría de los usuarios encuentran en el e-mail, los grupos de noticias, el chat, las redes sociales, una forma diferente para establecer procesos comunicativos con personas que se interesan en las mismas cosas. También señala que internet es visto como si fuese un paraíso comercial.
A mí, por ejemplo, internet me había servido para "conocer" a primos hermanos a quienes jamás he visto en persona. "La maravilla de la tecnología", me decía asombrada.

López Novelo nos dice que si rompemos con la "perspectiva light" y nos apropiamos de la tecnología, nos apropiaremos del "poder".

"Internet sirve para socializar la información, pero sobre todo nos abre la posibilidad de adquirir conocimientos técnicos". Y el conocimiento es poder. 

"Lo que tenemos que hacer es tratar de entender que internet se erige como una realidad de extender y abrir diversos campos del conocimiento humano, a través de una alfabetización digital que traería como consecuencia que los usuarios entenderían con mayor claridad los procesos y todas las posibilidades de desarrollo tanto técnico como de interacción que nos ofrece internet".

Como gestora de una porción de una página de internet, apropiarme la tecnología me resulta vital. Es hoy cuando entiendo que estoy frente a una de las herramientas más poderosas para reenfocar mi vida, principalmente laboral y productiva.


Los menesterosos del mundo digital


Si algo de bueno tuviera ser un analfabeta digital, se me ocurre que, igual que cuando empiezas tu carrera de periodista, todo te parece novedoso. Frente a ti se abre un mundo de posibilidades.

Entre mayo y junio me han atropellado términos como “ecosistema”, “migrantes”, “nativos”, seguidos del apellido Digital. Pero hay uno que asumí con mucho humor, pese a sus terroríficas implicaciones: el de “indigente digital”.

La indigencia (del latín indigentia), dice el diccionario, es la falta de medios para satisfacer las necesidades básicas. La persona que sufre la indigencia se conoce como indigente. 

Claro que cuando los miembros de la Real Academia de la Lengua Española definieron el término sencillamente como “Falta de medios para alimentarse, para vestirse”, no pensaron que habría una estirpe de desheredados, quienes por no tener acceso a las tecnologías digitales, serían etiquetados como una especie de  “menesteroso digital”.

De acuerdo con Roberto Alejandro López Novelo, Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con Orientación en Comunicación en el Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en un ecosistema digital conviven los Nativos, los Migrantes y los Indigentes. Todos Digitales.

Los Nativos no son otros que aquellas personas que nacieron y están naciendo en un mundo inmerso en la tecnología digital y que parecen tener un chip especial para operar lo mismo una computadora que un smartphone o los videojuegos. Los Migrantes son aquéllos que nacieron hace más de 25 años y han tenido que acercarse a la tecnología y aprender a usarla.

Pero hay un sector de la población que no tiene siquiera una noción de lo que está ocurriendo en términos digitales.

Si  nos atenemos al determinismo histórico, pondremos en ese costal a la población mexicana que vive en algún grado de pobreza y hasta en pobreza extrema.

Es posible. Para darnos una idea, revisemos un indicador: en México hay --uno más, uno menos--, 112 millones de habitantes y, de acuerdo con la última medición oficial, a mayo de 2015 el número de mexicanos usuarios de internet asciende a 53.9 millones.

De acuerdo con el Estudio Sobre los Hábitos de los Usuarios de Internet en México 2014, elaborado con base en información del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática y de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), la distribución de la conectividad sigue siendo al 50 por ciento entre hombres y mujeres. 

La mayor concentración de usuarios está en la Ciudad de México y el centro del país, mientras que entidades como Michoacán, Chiapas y Guerrero no alcanzan ni el 35 por ciento de penetración.

Según el INEGI, seis de cada 10 hogares mexicanos aún no cuentan con acceso a internet. En ellos residen los menesterosos del mundo digita, un equivalente a unos 58 millones de personas.



El XXI, el siglo de la información mínima



La unidad mínima de información que puede ser transmitida es conocida como meme. 
También son definidos como unidades culturales replicables. 
Aunque hay autores que aseguran que que el primer meme data de  finales de los 960 del siglo pasado, en realidad es una pieza informativa del siglo XXI, si le hacemos caso al especialista en comunicación mexicano Gabriel Pérez Salazar, quien ubica al primer Meme de Internet --una imagen con texto como la vemos hoy-- entre el año 2000 y el 2002.   


La herramienta eres tú


- Hace tres décadas, se salía a buscar la noticia armado de papel y pluma. Luego llegaron las grabadoras; hubo, incluso, unas de pedal.


- Si se necesitaba confirmar un dato, agendar una entrevista o te buscaban para anticiparte una “exclusiva”, había que desplazarte hasta donde hubiera una extensión telefónica.


- En el escritorio eras tú, la máquina y la hoja en blanco.





Hoy voy a trepar por el árbol digital

De mis padres campesinos heredé, entre muchos otros rasgos, el de la simplicidad. 
Nuestro mundo lo aprendimos --y aprehendimos-- muy simplemente: viviéndolo.

Mi meta es aprender a vivir como un Ser Digital. Asumo, sencillamente, que no puedo aprehender un mundo que no he vivido.

Después de varias noches sin dormir, sin desentrañar cómo definir al ser digital y cómo se hace a ese Nuevo Ser, recordé cuando aprendí que trepar a un palo fierro (árbol de tronco duro y cargadito de espinas) sin caer o espinarme. 

Cumplir mi meta me exige trepar al árbol digital. También es duro y espinoso.
Parto de que en el mundo hay  una gran cuota de población a la que yo llamaré INTERdesFAZada. En esa cuota voy yo. Eso sólo significa que hay otra porción de personas que conoce y maneja la tecnología moderna, pero además la usa y la aprovecha. La vive.

Y es a partir de la tecnología de donde arranco esta escalada. Se puede ser analógico o digital, según el tipo de tecnología que se use para almacenar o transmitir la información –cualquiera que ésta sea— y el conocimiento.

Hace menos de 50 años el mundo era puramente analógico. La información y el conocimiento eran (y lo son ahora) transmitidos mediante tecnologías que funcionan gracias a un sistema en el cual la señal se representa mediante variables continuas. Como tampoco sé Física, ojalá baste con entender que estamos hablando de circuitos eléctricos que viajan en ondas.

Si hablo, emito ondas sonoras que se propagan y así me pueden escuchar. Pero si la voz es captada por un micrófono, que a su vez la dirige hacia una grabadora, un amplificador o transmisor (en forma de onda eléctrica) y luego se almacena, podemos reproducirla --en la grabadora, el tocadiscos, el minicomponente, la videocasetera, el CD, el DVD, la computadora, el Ipod y así--. Aquí ya estamos hablando de ondas eléctricas y electromagnéticas.

En el mundo analógico, la onda (con una frecuencia y una potencia) que genera un sonido o una imagen, se registra, transmite y almacena en su forma original, es decir, como una onda.

Durante décadas, en el siglo 20, la sociedad empleó diversas tecnologías analógicas como la televisión, la radio, el cine, los audiocasetes, las videocasetes y servicios telefónicos. Pero todo cambió con la aparición de la tecnología digital: la tecnología de cómputo y las telecomunicaciones.

Las tecnologías digitales nacieron en 1946 con la primera computadora electrónica, llamada ENIAC (Electronic Numeric Integrator and Calculator) y son la base de Internet, la telefonía celular, las computadoras portátiles y de escritorio, los CD de audio y los DVD, y un montón de aparatos innombrables que no serían posibles si todo se grabara y transmitiera como ondas.

En las tecnologías digitales, una onda analógica se convierte en una serie de números o dígitos. La mayoría de las señales digitales utilizan códigos binarios  o de dos estados.
Está bien, está bien, prometí ser simple.

Todo lo anterior se reduce a que, mientras en las tecnologías analógicas las ondas se almacenan como ondas con una frecuencia y una potencia que podremos reproducir igual, en las tecnologías digitales podemos escuchar a la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México o a Juan Gabriel, lo mismo que ver La Rosa de Guadalupe o House of Cards con una gran calidad de imagen y sonido que han sido almacenados como un conjunto de numeritos –todos los que resulten de combinar el 1 y el 0.
Llegados bajo el árbol digital, ahora hay que trepar.

Ser digital ya dijimos, está asociado a la tecnología, ésa que según afirma Nicolás Negroponte en su libro El mundo digital  “nos permite, además, transformar el mundo, nuestras sociedades e incluso a nosotros mismos”.

A partir de los ordenadores e internet, en medio de los cuales hay un montón de cosas más, escribió Negroponte hace 20 años, “hemos provocado grandes cambios en el mundo que nos rodea y también en nuestras sociedades”. 

Y es justo en el ámbito de lo social donde me topo con que ser digital es muy distinto a Ser Digital. Un ordenador puede y es digital: funciona por obra y gracia del código binario (sí, esa combinación de dos dígitos a partir del 1 y el 0). Pero tú y yo, ellos, funcionamos de otra manera. No podemos, sencillamente, conectarnos al enchufe ni a internet.

Bueno, a internet sí podemos conectarnos. Y ahí está el chiste.

“La informática ya no se ocupa de los ordenadores, sino de la vida misma”, sentenció Negroponte en 2009. “Nos relacionaremos en comunidades digitales en las que el espacio físico será irrelevante y el tiempo jugará un papel diferente. Tal vez dentro de veinte años (…)”.

El señor Negroponte, un ingeniero informático estadounidense, pionero en el desarrollo de los modernos sistemas informáticos, ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y es considerado uno de los "padres" de la tecnología digital. O sea, parece que no es un don nadie.

Ser digital es poder crecer, dice una de sus sentencias, la que más me gusta.

Ser Digital será, entonces, comer, dormir y soñar en código binario. Llegar a la copa del árbol será posible, sencillamente, sólo si conozco, entiendo, uso, gozo, pero, sobre todo, si aprovecho la tecnología digital para mejorar mi vida y la de los demás. Entonces, con un poco de suerte, habré trepado un centímetro más.

YO, periodista… off line

Hasta hace poco, varias horas de mi jornada laboral se consumían en sesiones de consejos, confesiones y terapias.
Las daba, no las recibía. Pero no –no es albur-- no soy psicóloga.
Por mi mesa de trabajo desfilaban reporteros extenuados, fastidiados o confusos; editores extenuados, hartos o a punto de estallar; diseñadores extenuados, vacíos o a un tris del colapso. (A menudo todo junto).
Pero no es eso lo que quiero confesar. El hecho ineludible es que soy periodista.
En 1986, mi primera nota la escribí en una vieja Olivetti gris. La redacción del Diario de Nuevo Laredo estaba equipada con un buen número de ellas.
Al año siguiente –la escalada digital para México-, mi máquina de escribir era, ni más ni menos, que una IBM.
Los dedos se desplazaban suavemente sobre un teclado silencioso y más veloz. A los periódicos llegaban, casi al mismo tiempo que yo, los ordenadores.
A finales de 1987 y hasta antes de 1993, mis desplazamientos geográficos me dieron a elegir (un salto atrás), entre Olivettis negras y Olympias de un hermoso color blanco y su punto naranja.
El tiempo pasó volando y, de pronto, una periodista que lo mismo era capaz de dirigir, guiar, corregir y editar textos de economía, policiacos, culturales, de transporte e infraestructura, que política o, ¡válgame San Steve Jobs!, de ciencia, cayó en cuenta de que es una analfabeta digital.

Ahora mismo soy una periodista fuera de línea. Sí, off line.

Nuestra vida pende de la Generación N

La irrupción de las tecnologías de la información y de las comunicaciones, que --en los tiempos que corren-- son conocidas como TICs, ha provocado cambios drásticos en lapsos muy breves, de tal suerte que son muchos quienes se plantean que vivimos una nueva época social.
Hace 20 años, en su libro El mundo digital (por ahora mi libro de cabecera), Nicolás Negroponte anticipaba que para esta época la revolución digital regularía la política, la economía y la sociedad del siglo 21.
Cambiará, decía, nuestra forma de aprender, de trabajar, de divertirnos, de relacionarnos. En suma, de vivir.
Pues bueno, el futuro ya está aquí.

Y en ese mar digital nace, crece y se educa una raza aparte: la GNet.
Se trata de una generación influida por la presencia cada vez mayor de las TICs, cuyos Dioses son la computadora, internet, las redes sociales, los videojuegos y una serie de artilugios tecnológicos que son llamados gadgets.
Se trata de niños y jóvenes a quienes el pedagogo cubano Ramón Ferreiro,  director fundador del Proyecto Argos para el Desarrollo de la Inteligencia, la Creatividad y el Talento en Cuba, considera altamente tecnofílicos.

“Sienten”, escribe Ferreiro, “una atracción, a veces sin medida, por conocer, emplear y poseer las nuevas tecnologías. Perciben que con ellas pueden satisfacer sus necesidades de entretenimiento, diversión, comunicación, información y aprendizaje”.

Los GNet, sostiene el también experto en educación a distancia, han pasado de simples espectadores a usuarios con grandes posibilidades de participar, jugar, entretenerse, buscar, hacer, resolver, establecer relaciones y llevar a cabo proyectos conjuntos por encima de la distancia y el tiempo.
A este grupo poblacional pertenecerían los nacidos en los primeros años de la década de los 90 del siglo 20.

También es llamada Generación N – con “N” de net, en alusión a la presencia e influencia de la computadora e internet--,
la Generación DIG (gratificación digital inmediata) y, por supuesto, hay quienes hablan de la Generación Milenio, Nintendo (por el videojuego) y hasta Generación TIC, por la repercusión de las tecnologías en su proceso de crecimiento y formación.

Entre las peculiaridades que Ferreiro atribuye a esta tribu, es que “en una probable relación de causa-efecto, se muestra abierta al cambio, también a nuevos comportamientos y relaciones sociales, a modos de percibir la vida desde otra perspectiva con o sin nuevos prejuicios morales”.
En suma, considera que dada la naturaleza integrativa, visual, auditiva y kinestética de las TICs y de sus múltiples aplicaciones, estos niños/jóvenes son predominantemente activos, visuales, propensos al intercambio y emprendedores mediante su empleo.

De acuerdo con el canadiense Don Tapscott, consultor y conferencista en las áreas de estrategia de negocios y transformación organizacional con varios libros sobre la aplicación de la tecnología en los negocios, la tendencia digital ha llevado al mundo de la mano de la tecnología, y los que fueron niños hace 30 años, hoy es la generación mandante en el orbe.

“La gente joven es el grupo demográfico de entre 13 y 30 años, que hasta a finales de los 70´s, se les veía como una generación mimada, que se roban la música, con enfoque a los videojuegos, ha logrado que el Internet se convierta en la herramienta dominante en nuestros días”, afirmaba en 2008.

En México, la Generación Net es un hipotético gran bono demográfico. O debería de serlo. En comparación con países como Japón, Europa y Canadá, México cuenta con una enorme cantidad de gente joven, pero con escasa conectividad a internet.

La falta de acceso a las TIC y a la conectividad, opinaba Tapsscot hace siete años en entrevista con Salvador Guerrero, de TECH: Consumer, es un factor en que México tendría que trabajar duramente para lograr una mayor integración al mundo globalizado.

“El reto es romper la brecha digital”, alertó entonces Tapscott. 

El reto sigue en pie.

No hablemos ahora de brecha digital; centrémonos en ese grupo poblacional que por obra del determinismo económico tendría nuestro presente y nuestro futuro en sus manos.

Sí, México tiene hoy más jóvenes que nunca: 34 millones de personas de entre 12 y 29 años. Pero habrá que hacernos cargo de que el 55 por ciento de esos mismos jóvenes vive en condiciones de pobreza y 50 por ciento no estudia.

A ellos, hay que sumar a otra Generación N mucho menos esperanzadora: la de los Nini. En ese rubro está la cuarta parte del total de jóvenes que viven en el país y que, según el Consejo Nacional de Población citado por noticiasnet.mx suman 34.7 millones.

Se trata, sí, de jóvenes de entre 14 y 24 años de edad que no estudian ni trabajan. Otra Generación N, que no es la misma, pero es igual.

Palo Fierro

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FOTO 1 El Palo Fierro (Olneya tesota) es una leguminosa común en el Desierto de Sonora y en todo su vasto territorio; es el árbol de mayor tamaño en esa comunidad y puede crecer más de 15 metros de altura.
FOTO2 Dado su gran tamaño y la alta densidad de su madera, a este árbol lo queman para obtener carbón y lo tallan para la elaboración de artesanías.
FOTO3 Gracias a su gran longevidad y a que sus hojas se renuevan constantemente --casi nunca se ve pelón--, bajo su sombra se quedan a vivir hasta 160 especies distintas, como cactus y arbustos medianos.
FOTO4 Su desarrollo puede tardar décadas, pero es una especie longeva que puede superar los ¡800 años de edad!.