Al asomarme a la ventana digital, después de 19 años y medio de
reclusión en una sala de redacción, peleando contra órdenes, contra
contraórdenes y contra órdenes restablecidas –a contrarreloj, contraestrés y
hasta contrapolítica editorial si me perdonan la aberración- términos
como Generación Milenium, Generación Y o Generación Net, me suenan ajenos y muy
lejanos.
También están Ecosistema, Migrante o Nativo Digital, sin hablar de
código binario, bit o interfaz.
Hija de la comunicación analógica, hecha en redacciones de diarios a
punta de periodismo tradicional, mi nombre pareciera ser Desfasada Digital.
Se lee muy mal. Pero en mi mundo, ser inadaptada al tiempo y al lugar, por
regla me resulta en cosa buena.
Muchos seres que, como yo, nacieron en las postrimerías de lo que
el fotoperiodista Robert Capa definiera como la Generación X –hombres y
mujeres que crecieron después de la segunda Guerra Mundial--, no
hemos dado el tremendo salto que nos significa treparse a la Era Digital.
He decidido agarrar al toro por los cuernos. O lo que es igual, solucionar
clicks en mano mi analfabetismo digital.
Invito al Ser analógico que llevo
dentro para que me acompañe a esa tierra inabarcable, donde reina el mítico “Ser Digital”.
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