Un salto al ahora

Al asomarme a la ventana digital, después de 19 años y medio de reclusión en una sala de redacción, peleando contra órdenes, contra contraórdenes y contra órdenes restablecidas –a contrarrelojcontraestrés y hasta contrapolítica editorial si me perdonan la aberración-  términos como Generación Milenium, Generación Y o Generación Net, me suenan ajenos y muy lejanos.

También están Ecosistema, Migrante o Nativo Digital, sin hablar de código binario, bit o interfaz.

Hija de la comunicación analógica, hecha en redacciones de diarios a punta de periodismo tradicional, mi nombre pareciera ser Desfasada Digital.

Se lee muy mal. Pero en mi mundo, ser inadaptada al tiempo y al lugar, por regla me resulta en cosa buena.

Muchos seres que, como yo, nacieron en las postrimerías de lo que el fotoperiodista Robert Capa definiera como la Generación X –hombres y mujeres que crecieron después de la segunda Guerra Mundial--, no hemos dado el tremendo salto que nos significa treparse a la Era Digital.

He decidido agarrar al toro por los cuernos. O lo que es igual, solucionar clicks en mano mi analfabetismo digital.

Invito al Ser analógico que llevo dentro para que me acompañe a esa tierra inabarcable, donde reina el mítico “Ser Digital”. 


En busca del sentido en la cultura digital



"Las tecnologìas digitales complican la percepciòn de la realidad, la construcciòn social de la identidad, la auto percepciòn fìsica, el pensamiento, las pràcticas sociales, la construcciòn del conocimiento.
En tèrminos de Roszak vivimos en la era del culto a la informaciòn.
El problema es que pareciera que hoy somos partìcipes de una especie de NARCOLEPSIA INFORMATIVA, no sòlo digital sino tambièn sociocultural".


¿Què tenemos que hacer para encontrar el sentido en la cultura digital?
Reflexionar. Pensar. Ver posibilidades.

Dr. Alejandro Lòpez Novelo

Periodismo remasterizado


Internet, un volver a la vida


A menudo, cuando pierdo la señal de internet me siento desamparada. Aunque apenas estoy intentando aprender qué es y para qué me sirve.
Parece tonto, pero sin internet me resulta imposible trabajar.

Hace dos años, cuando me despidieron de un empleo al cual le había dedicado dos décadas de mi vida, mi primera pregunta fue cómo iba a reinsertarme al mercado laboral. Llevaba 20 años sin tocar puertas.

Analicé la idea de estudiar hidroponía, gestión de microempresas, cocina y hasta hacer cursos para dar masajes. Nunca pensé en tomar cursos o entrenamiento para entender el mundo digital.

Había investigado, gestionado, reporteado, corregido y editado no sólo textos sino secciones enteras del Periódico Reforma. Cuando regresé a casa después de mi primer día de trabajo en el empleo a actual, le dije a mi familia: “voy  a hacer justo lo que no sé hacer”.

En un artículo donde analiza la visión "light" que los mexicanos tenemos sobre internet, el doctor Roberto Alejandro López Novelo nos dice que ésta no sólo es una "herramienta que proporciona entretenimiento, sino, por el contrario es un espacio que nos permite explorar, conocer y crecer en conocimiento acerca de esta tecnología".


Una de las utilidades más comunes de internet es el entretenimiento, dice, pues la mayoría de los usuarios encuentran en el e-mail, los grupos de noticias, el chat, las redes sociales, una forma diferente para establecer procesos comunicativos con personas que se interesan en las mismas cosas. También señala que internet es visto como si fuese un paraíso comercial.
A mí, por ejemplo, internet me había servido para "conocer" a primos hermanos a quienes jamás he visto en persona. "La maravilla de la tecnología", me decía asombrada.

López Novelo nos dice que si rompemos con la "perspectiva light" y nos apropiamos de la tecnología, nos apropiaremos del "poder".

"Internet sirve para socializar la información, pero sobre todo nos abre la posibilidad de adquirir conocimientos técnicos". Y el conocimiento es poder. 

"Lo que tenemos que hacer es tratar de entender que internet se erige como una realidad de extender y abrir diversos campos del conocimiento humano, a través de una alfabetización digital que traería como consecuencia que los usuarios entenderían con mayor claridad los procesos y todas las posibilidades de desarrollo tanto técnico como de interacción que nos ofrece internet".

Como gestora de una porción de una página de internet, apropiarme la tecnología me resulta vital. Es hoy cuando entiendo que estoy frente a una de las herramientas más poderosas para reenfocar mi vida, principalmente laboral y productiva.


Los menesterosos del mundo digital


Si algo de bueno tuviera ser un analfabeta digital, se me ocurre que, igual que cuando empiezas tu carrera de periodista, todo te parece novedoso. Frente a ti se abre un mundo de posibilidades.

Entre mayo y junio me han atropellado términos como “ecosistema”, “migrantes”, “nativos”, seguidos del apellido Digital. Pero hay uno que asumí con mucho humor, pese a sus terroríficas implicaciones: el de “indigente digital”.

La indigencia (del latín indigentia), dice el diccionario, es la falta de medios para satisfacer las necesidades básicas. La persona que sufre la indigencia se conoce como indigente. 

Claro que cuando los miembros de la Real Academia de la Lengua Española definieron el término sencillamente como “Falta de medios para alimentarse, para vestirse”, no pensaron que habría una estirpe de desheredados, quienes por no tener acceso a las tecnologías digitales, serían etiquetados como una especie de  “menesteroso digital”.

De acuerdo con Roberto Alejandro López Novelo, Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con Orientación en Comunicación en el Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en un ecosistema digital conviven los Nativos, los Migrantes y los Indigentes. Todos Digitales.

Los Nativos no son otros que aquellas personas que nacieron y están naciendo en un mundo inmerso en la tecnología digital y que parecen tener un chip especial para operar lo mismo una computadora que un smartphone o los videojuegos. Los Migrantes son aquéllos que nacieron hace más de 25 años y han tenido que acercarse a la tecnología y aprender a usarla.

Pero hay un sector de la población que no tiene siquiera una noción de lo que está ocurriendo en términos digitales.

Si  nos atenemos al determinismo histórico, pondremos en ese costal a la población mexicana que vive en algún grado de pobreza y hasta en pobreza extrema.

Es posible. Para darnos una idea, revisemos un indicador: en México hay --uno más, uno menos--, 112 millones de habitantes y, de acuerdo con la última medición oficial, a mayo de 2015 el número de mexicanos usuarios de internet asciende a 53.9 millones.

De acuerdo con el Estudio Sobre los Hábitos de los Usuarios de Internet en México 2014, elaborado con base en información del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática y de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), la distribución de la conectividad sigue siendo al 50 por ciento entre hombres y mujeres. 

La mayor concentración de usuarios está en la Ciudad de México y el centro del país, mientras que entidades como Michoacán, Chiapas y Guerrero no alcanzan ni el 35 por ciento de penetración.

Según el INEGI, seis de cada 10 hogares mexicanos aún no cuentan con acceso a internet. En ellos residen los menesterosos del mundo digita, un equivalente a unos 58 millones de personas.



El XXI, el siglo de la información mínima



La unidad mínima de información que puede ser transmitida es conocida como meme. 
También son definidos como unidades culturales replicables. 
Aunque hay autores que aseguran que que el primer meme data de  finales de los 960 del siglo pasado, en realidad es una pieza informativa del siglo XXI, si le hacemos caso al especialista en comunicación mexicano Gabriel Pérez Salazar, quien ubica al primer Meme de Internet --una imagen con texto como la vemos hoy-- entre el año 2000 y el 2002.   


La herramienta eres tú


- Hace tres décadas, se salía a buscar la noticia armado de papel y pluma. Luego llegaron las grabadoras; hubo, incluso, unas de pedal.


- Si se necesitaba confirmar un dato, agendar una entrevista o te buscaban para anticiparte una “exclusiva”, había que desplazarte hasta donde hubiera una extensión telefónica.


- En el escritorio eras tú, la máquina y la hoja en blanco.